Y si vives lo que dura una canción?

lunes, 23 de enero de 2012

Mi semana comenzó muy intensa. Clases desde las nueve de la mañana, hasta las 2:30 de la tarde. Preparar una entrevista en una hora, llegar al lugar y realizar conversar con alguien que te dobla la edad sobre su experiencia de vida... grandes enseñanzas te puedes llevar de los desconocidos. Tomar el metro, regresar a casa, preparar tu mochila, comerte una manzana, volver a tomar el metro, hacer tus rutinas del gimnasio, regresar a casa... a las 10 de la noche.

Un día bastante intenso no? Todo eso escuchando música con mi Ipod, tratando de leer una novela de José Marías, y respirando.

Claro, que cuando venía por última vez en mi viaje de 20 minutos en el metro, sólo me dediqué a cerrar los ojos. A escuchar las canciones que una y otra vez he oído desde hace meses, porque no me ha dado la gana de actualizar el playlist, y así me fui dejando llevar. Sin dormirme profundamente y lo suficientemente despierta para escuchar la vocecita de: Lotura Renfe Eta Tranvia Lequien, y el nombre de la estación a las que estábamos por llegar.

Y de repente, me di cuenta que pasar cinco estaciones, dura lo que dura una canción. Gente sale, personas suben las escaleras, pasan el ticket por las máquinas, se acercan a las escaleras mecánicas... gente entra, mira si hay algún asiento vacío, se sienta, conversa con el de al lado si va acompañado, lee un libro o escucha música de su mp3, Ipod o celular si va solo, se apoya en una de las paredes, deja pasar a algún anciano, espera hasta llegar a su estación de destino para bajar...

Todo esto pasa al mismo tiempo en 5 paradas distintas, mientras una sola canción de aproximadamente cuatro minutos y medio transcurre... Siempre se ha escuchado aquello de que: y cuál sería la banda sonora de tu vida? Qué canción le pondrías de fondo a determinados momentos de tu vida? Cuál es la música que te acompaña cuando te sientes triste, alegre o simplemente deseas recordar?

Y qué pasa si tu vida dura lo que transcurre una canción?

Sería emocionante no? Puede tener alti-bajos, empezar con una melodía lenta de piano, y terminar con un redoble de tambores, ser una salsa bien bailable, o una balada muy suave... Puede contener las letras de amor más románticas de la historia o la ira desparramada en tonos combinados en armonías... Puede ser una pieza única y sin voz, o la opera más magnífica de algún soprano... Puede durar apenas dos minutos, o hasta una hora...no digo yo piezas un poco más eternas... Puede ser un aviso de esperanza, o una sola tristeza... si nuestras vidas duraran lo que dura una canción tendrían un inicio con melodía y un final con silencios, o viceversa... o ambas cosas.

Pero... y si viviéramos la vida como una canción?...

Happy New Year

jueves, 5 de enero de 2012
Increiblemente ya entró el 2012, un año esperado y temido por una gran cantidad de personas alrededor del mundo.

He de disculparme dado el abandono que le he dado a mi blog. Pero últimamente mis post se han estado publicando en FB (cosa muy mala por cierto) pero así es esto.

Sin embargo, no pienso dejar abandonado este espacio del todo. Por lo que uno de mis propósitos para este nuevo año es ese, mantener vivo "La vida como la veo", porque al final de cuentas en el lugar idoneo para publicar esas cosas de como yo, un ser humano común y corriente, puede percibir la vida.

Así que les deseo un muy Feliz Año Nuevo 2012. Incluso si el año se terminara el 21 de Diciembre, como dicen muchos supersticiosos, aprovechen estos meses para vivir. Se acabe o no el mundo al finalizar... siempre vivan.

Felicidaes!

Tres historias, un fin de semana 1

domingo, 27 de noviembre de 2011

El pasado fin de semana podría decir que fue muy diferente a cualquier otro finde en Bilbao. Comenzando porque la mayor parte del tiempo estuve fuera de la ciudad.

Luego de una semana sumida en la depresión, recibí el viernes con la noticia de que estaría sola en casa durante dos noches y tres días seguidos. La idea que por un lado me agradó, por otro no parecía muy agradable. Sin embargo, no era la única del grupo que se quedaría en Bilbo. Aunque las elecciones estaban a la vuelta de la esquina y muchos volaron a sus pueblos a votar, habíamos unos cuantos gatos que nada teníamos que hacer.

Así fue como el viernes en la noche tres de esos gatos decidimos salir a conocer, y luego de un par de horas coordinando vía el chat de FB a dónde rayos ir y cómo rayos llegar, terminamos poniendonos la hora de las 12:30 del medio en la estación del metro de Casco Viejo, en dirección a la costa, Plentzia.

Claro que sabíamos que nos íbamos a levantar más tarde y que llegaríamos retrasado. Pero una vez reunidos aquel sábado, la aventura comenzaba. Luego de 40 minutos en el metro, llegamos a la última estación, a un pueblo que francamente, parecía ser el pueblo fantasma. Las calles tan pequeñas como las que se figuran en algunos pueblos de Francia por la televisión, edificios con un techo no muy alto, pero de gran antigüedad, personas mayores, locales cerrados.

Caminamos entonces hacia la costa, y la imagen de una playa totalmente desertica me sorprendió bastante, aunque más sorprendente fue el reguero de surfistas en el mar Cantábrico. Claro que hacía un sol hermoso, pero la brisa estaba lo suficientemente fria como para querer evitar tocar el agua.

Luego de caminar un rato y conocer, pasamos por un super para comprar la comida: unos 'bocatas' (véase bocadillos de jamón, queso y pan frances...si, un sandwich). Así que nos sentamos en la orilla del rio a comer nuestros sandwich frios recien hechos. En una, la funda del pan salió volando y Migue salió a buscarla, porque no era posible que el llegara a Plentzia a ensuciar...al final terminó enlodado y casi casi se da tremendo estrallon. Al comer nos entretuvimos con unas palomas, dandoles las migajas de pan que habían quedado y seguimos caminando. Llegamos a lo que yo llamo "el bosque del oso Yogui", que es una especie de parque natural donde la gente va a hacer parrilladas y picnic.

Al caminar las 3 calles del pueblo, decidimos regresar, pero como era temprano todavía había oportunidad de hacer una segunda parada, dónde sería? ni idea. Decidiríamos un lugar cualquiera mientras estuviéramos en el metro. Así que sin saber dónde rayos estábamos, nos bajamos en Larrabastera. Para resumir en Larrabastera sólo vimos dos cosas: uno, muchos edificios de vivienda y dos, muchas tiendas de surf. Ah si! Y la pantalla que parecía una ventana y al tocarla resultó ser una guía turística de la zona. Duramos como 15 minutos punchandola.

Finalmente, luego de tomar un café y hablar acerca del España (descubriendo cosas que no sabía de la madre patria), tomamos el metro again para dirigirnos a Casco Viejo. Aquí nos tomamos unas cervezas (yo con mi coca cola de siempre) y luego nos sentamos en unos escalones como tres mendigos a comernos lo que había quedado del jamón, el queso y el pan (todavía queda jamón). Tras un intento fallido de borcar la barca (reunirnos con más gente para durar un rato más) terminamos dandonos otra ronda de bebidas, hablar M por un tubo, y a las 12:30 pero de la noche volvernos a encontrar en la estación de Casco Viejo para tomar el metro de regreso a casa.